Los bosques de alimentos son lugares ideales para conectarnos con la vida: la vida que somos y la vida que nos rodea.
Cuando interactuamos conscientemente con estos sistemas vivos y dinámicos, surge una conexión que trasciende nuestro yo. Nos abrimos a un crecimiento natural y comunitario en el que todos los seres vivos prosperan.
Un bosque de alimentos, con sus numerosas plantas, animales y dinámicas, ofrece un espacio de juego donde podemos sentirnos felices y sentirnos parte de nuestro lugar. Por ejemplo, al realizar tareas de gestión, podemos conversar con las plantas que cuidamos, expresando nuestra voluntad de crear abundancia juntos.
Toda relación constructiva requiere buena comunicación, y eso es precisamente lo que se reflejará en nosotros. Si tenemos acciones alineadas e intenciones sinceras con nuestro entorno, esto se reflejará en crecimiento y abundancia.
Los bosques de alimentos nos muestran cómo la naturaleza trabaja en conjunto. Observa estos frijoles trepadores, que se abren paso entre otras plantas, apoyados por su entorno, a la vez que aportan nutrición y belleza. En un bosque de alimentos, la abundancia se crea a través de la conexión entre plantas, animales y personas.
En estos tiempos, donde existe un gran deseo de relaciones significativas que contribuyan a nuestro mundo vivo, los bosques de alimentos son el lugar perfecto para centrar nuestros pensamientos y acciones en lo que da vida. De esta manera, recordamos lo que significa ser humano en relación con nuestros alimentos, y juntos creamos valor añadido para todos los seres vivos.
De esta manera, agradezco los 8 años que pude vivir en el bosque de alimentos de @De Weegbree y espero con ansias un nuevo lugar para reencontrarme.